Abdelaziz Buteflika, el gran negociador que entregó Argelia al Ejército

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Último de los líderes árabes que dominaron con puño de hierro la época postcolonial, Abdelaziz Buteflikapasará a la historia como un astuto negociador, un hombre entregado en cuerpo y alma a la política que se manejó hábilmente en las bambalinas del poder y garantizó la supremacía del Ejército. Nacido hace 82 años en la ciudad fronteriza marroquí de Oudja e hijo de una acomodada familia de Tlemcen, Buteflika inició su carrera a los 19 años en las filas del llamado “Ejército de Fronteras”, la milicia que se levantó y lideró la guerra de independencia de Francia (1956-1961), una de las más sangrientas de África.

“Fontanero político” de su líder, el coronel Houari Bumediane,el joven Buteflika fue la voz que ayudó a derrumbar el “acuerdo de paz de Evian” y que abrió las puertas al golpe de Estado incruento que le daría el poder al nuevo Ejército argelino. En 1963, a la edad de 26 años y con el derrocado Ben Bella aún en el poder, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores de Argelia, un puesto que desempeñaría durante tres lustros y que le convertiría en la cara amable del régimen militar argelino en tiempos convulsos.

Firme partidario del socialismo árabe, de la organización de los Países No Alineados y de la causa palestina, desempeñó un papel fundamental en la década de los 70, en la que pasaron por Argelia terroristas como Ilich Ramírez Sánchez, alias “Carlos el Chacal”. Además fue fundamental en la decisión del presidente Bumediane de reconocer la República Árabe Democrática Saharaui (RASD), lo que supuso la ruptura de relaciones con Marruecos y un conflicto bilateral que todavía continúa.

Muerto su mentor, Buteflika comenzó a perder influencia en el Gabinete del nuevo presidente, el general Chadli Bendjedid (1979-1992), otro de los protegidos de Bumediane. Su travesía por el desierto comenzó en 1981, fecha en la que fue acusado de corrupción y del desvío a bancos suizos de 60 millones de francos de las embajadas argelinas.

Hallado culpable, en 1983 decidió huir y ponerse lo que sus biógrafos califican de un “autoexilio” de cuatro años en los que vivió en diversos países del Golfo Pérsico.

DECENIO NEGRO

En 1987, con Benjedid aún en la presidencia, regresó al país y volvió a ascender en las fila del Frente de Liberación Nacional,el partido formado en tiempos de la colonia que gobierna Argelia desde la independencia. En 1989 empieza una época poco conocida de su pasado que coincide con el estallido del “decenio negro” (1989-1999), la brutal guerra civil que costó la vida a cerca de 300.000 personas y dejó varios miles de desaparecidos.

Buteflika rechazó varios puestos ministeriales en el Gobierno del nuevo presidente, Liamine Zéroual (1995-1999), enemigo del depuesto Benjedid, viajó a Suiza y cabildeó entre la rama más pragmática del Ejército. En 1999, apoyado por una amplia facción de las fuerzas armadas, se presentó como candidato a la presidencia, que ganó con un 75% de los votosdespués de que el resto de aspirantes se retiraran tras denunciar un posible fraude electoral.

Concluyó la vía de acercamiento a las guerrillas islamistas que abrió su predecesor, decretó una amnistía, quebró la resistencia de la parte más radical del Ejército y pacificó el país, que entró en una era de reconciliación y reconstrucción que aún no ha terminado. Pese a que nunca consiguió que el plan de paz se asentara como política de Estado, Buteflika fue elegido en 2004 en unas elecciones que fueron certificadas por la comunidad internacional pero que volvieron a ser denunciadas por su opositor, el general retirado Ali Benflis.

PROBLEMAS DE SALUD

En 2005 volvió a someter a referéndum su plan de reconciliación, pero el primero de sus achaques de salud sembró las primeras dudas sobre su capacidad y abrió la incertidumbre de la sucesión de un hombre que dominaba el país con puño de hierro junto a un estrecho círculo de militares y políticos conocido como “le Pouvoir” (el poder).

Una “úlcera sangrante de estómago” le obligó a ser ingresado tres meses en un hospital de Suiza. Ocho años después, y en medio de críticas por la corrupción en el régimen y los rumores sobre su supuesta incapacidad, Buteflika sufrió en 2013 un derrame cerebral que le condenó a una silla de ruedas, con las capacidades motoras reducidas.

Desde entonces no ha vuelto a hablar en público ni a viajar al extranjero y sus apariciones publicas se han reducido de forma paulatina, limitadas a las imágenes transmitidas por la televisión estatal, hasta convertirse en esporádicas.

Aún así, volvió a ganar las elecciones presidenciales de 2014, sin ni siquiera participar en la campaña electoral, que dirigió el después primer ministro Abdelmalek Sellal, en un proceso boicoteado por la mayoría de los partidos.

El tercer y cuarto mandato fueron posibles gracias a una enmienda de la Constitución concebida en las cocinas de “Le Pouvoir”, que en 2017 retorció la constitución de nuevo y convocó un referéndum que le permitió aspirar a un quinto mandato. El 22 de febrero de 2019, con el país sumido en una aguda crisis económica y social y el Ejército en un pulso de poder tras meses de purgas, decenas de miles de jóvenes salieron a las calles de todo el país para protestar contra el anuncio de que se presentaría a una quinta reelecciónconsecutiva pese a su grave estado de salud.

Dos días después, Bouteflika fue trasladado de nuevo a un hospital de Suiza, en el que pasó quince días y del que regresó este domingo sin que se sepa cual es su verdadero estado de su agrietada salud.

Casado con Amal Triki, hija de un embajador retirado con la que contrajo matrimonio en 1990 a la edad de 53 años, el último gran líder árabe del siglo XX puso fin hoy a su carrera política con un “mensaje al pueblo” leído en la televisión estatal y una gran incertidumbre sobre su sucesión al frente de un país crucial para la estabilidad del Mediterráneo.

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