Expertos no creen que España sea afectada por la situación italiana

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Analistas coinciden en descartar que España se vaya a ver afectada a mediano plazo por la tensión que Roma mantiene con Bruselas por su objetivo de deuda y déficit para los próximos años, aunque advierten del devastador efecto que tendría un muy improbable impago de la deuda italiana.

“Nos esperan meses de mucha volatilidad por el estira y afloja del gobierno italiano con Bruselas, pero no vemos que ello vaya a afectar a España, más allá de un posible y leve avance de la prima de riesgo”, aseguró José Manuel Amor, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

Aunque en los últimos días Italia haya cedido terreno y corregido a la baja sus previsiones de déficit para el 2020 y el 2021, los expertos consultados creen que aún quedan semanas de tensión.

“Cuando la Comisión Europea vea el detalle de los presupuestos, pondrá sus peros y luego comenzará otra ronda de asertividad del gobierno italiano, que mantiene un mensaje de desafío a Europa”, según Amor, que prevé una revisión a la baja de la calificación de la deuda italiana o al menos una puesta en perspectiva negativa en el próximo mes.

De la misma opinión son otros analistas consultados, que en todos los casos descartan que la calificación vaya a quedar por debajo del grado de inversión a medio plazo, lo que haría que el Banco Central Europeo (BCE) dejara de comprar deuda italiana y se pudiera incurrir en impago.

“España está claramente en otra división”, según Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, que explicó que sólo ve riesgo por el lado de las exportaciones a Italia, uno de sus principales compradores.

Según resumió el catedrático de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, Joaquín Maudos, mientras que la deuda española es de 98% del  Producto Interno Bruto (PIB), la italiana es de 132 por ciento. Además, la banca de Italia tiene un elevado volumen de activos tóxicos y la tasa de morosidad más que duplica la española.

Mientras que Italia no se aviene a la disciplina de Bruselas, España ha negociado una leve relajación del objetivo de déficit, lo que no asusta a los mercados y por tanto no afecta a la prima de riesgo, según Maudos.

En cuanto a la prima de riesgo, Torres considera que no hay prácticamente correlación alguna entre la evolución de la italiana y la española, y asegura que si esta última se ha elevado ligeramente en los últimos días ha sido más bien por la incertidumbre relacionada con la falta de precisión sobre las cuentas españolas.

Por lo que se refiere al grado de exposición de la banca española a la deuda italiana, que al final del primer semestre del 2018 superaba 25,000 millones de euros, Darío García, analista de XTB, explicó que, aunque pueda parecer una cantidad muy elevada, es tan sólo una quinta parte de la deuda que está en manos de bancos españoles.

“El grado de exposición de la banca española es bajo. Muchos bancos han ido vendiendo y otros han comprado, pero lo han hecho porque tenían poca deuda italiana y ahora es muy rentable”, según García, que ha recordado que el sistema financiero nacional está muy capitalizado.

Para este analista, el riesgo de un default italiano (suspensión de pagos) también es muy remoto, entre otros motivos porque “Italia no es Grecia (…) tiene industria, su deuda es siete veces más grande y su coyuntura actual está muy condicionada por la política”.

Pese al discurso antieuropeísta del gobierno, recuerda que “han tardado menos de una semana en ajustar sus previsiones” ante la presión de Bruselas.

“Un impago generaría una crisis global, porque Italia tiene mucho peso, pero eso no va a pasar. Grecia falseó sus propias cuentas para entrar en la UE, pero Italia no. Al contrario, Italia fue un socio fundador”, resume García.

También José Manuel Amor (AFI) considera que, al menos en el mediano plazo, “no se va a pasar ese Rubicón” de un impago que arrastraría de inmediato a la banca italiana, que tiene en sus balances 20% de la deuda nacional. En ese caso remoto “se generaría un contagio brutal en España” y gran parte de la eurozona; sería “una catarsis absoluta que a día de hoy es altamente improbable”.

En su opinión, lo más probable es que tras unos meses de estira y afloja el gobierno italiano se vea acorralado y, en el peor de los casos, tenga que elegir entre salirse de la zona euro o avenirse a las condiciones de Bruselas.

El vice primer ministro italiano, Luigi Di Maio, advirtió este sábado que Roma no dará marcha atrás en materia de objetivos de déficit para Italia, al comentar una carta de la Comisión Europea en la que expresaba su preocupación.

El Ejecutivo europeo envió una carta el viernes por la noche al ministro italiano de Economía, Giovanni Tria, cuyo contenido fue publicado por la prensa italiana, en la que decía que la revisión al alza de los objetivos de déficit de Italia es una “fuente seria de preocupación”.

Un día antes, Tria había confirmado a Bruselas las previsiones de reducción del déficit público italiano, que pasará de 2.4% del Producto Interno Bruto (PIB) el año que viene a 2.1% en el 2020 y a 1.8% en el 2021.

“Nos temíamos que esta maniobra no gustaría a Bruselas, ahora empieza una fase de discusiones con la comisión, pero debe quedar claro que no daremos marcha atrás”, declaró ante las televisiones italianas el líder del antisistema Movimiento 5 Estrellas.

“Aprecio el hecho de que la carta se enviara tras el cierre de los mercados”, pero “el gobierno no retrocederá”, insistió, asegurando que no hay un “plan B”.

En su misiva, la Comisión Europea considera que se trata de una “variación significativa respecto al recorrido anterior” de las cuentas públicas italianas y de las recomendaciones europeas, según lo recogido por el diario económico Il Sole 24 Ore.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, y el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, dijeron, no obstante, en la misiva que esperarán a recibir, antes del 15 de octubre, el proyecto completo de ley de finanzas para evaluarlo.

Sin embargo, las previsiones italianas modifican un pronóstico anterior que anunciaba un déficit de 2.4% del PIB para los tres próximos años. El gobierno italiano decidió reducir este objetivo de déficit, para calmar a los mercados y las preocupaciones de la comisión y de algunos países europeos.

Con ello  el objetivo para el año que viene, según los cálculos de Bruselas, supondría un deterioro del déficit estructural de 0.8% frente al ajuste de 0.6% que se ha había pedido a Roma.

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